(Primera
de tres partes)
Si no guapos, sí de presencia agradable, bien
peinaditos, perfumados y sin barriga. Además cultos, abstemios,
hábiles en esquivar pasiones, con cintas en artes marciales y
conocimientos de contrainsurgencia y contraespionaje.
Se trata de
las nuevas generaciones de guaruras que pretenden formar sociedades,
escuelas y academias de todo el país.
“Los altos, gordotes, feos
y maleducados han pasado de moda, ya no son los que la gente
necesita para su protección”, dice Julio César García, presidente de
la Sociedad Mexicana de Guardaespaldas (SMG), quien desde hace 12
años ha sido escolta de empresarios, funcionarios públicos y hasta
artistas como Kuno Becker y Brad Pitt, éste último durante la
filmación de una película en México.
Su objetivo máximo: cambiar
la denominación de guarro por la de licenciado…
Ha propuesto a la
Universidad Nacional Autónoma de México y a la Secretaría de
Educación Pública la creación de una licenciatura de tres años que
convierta a los guardaespaldas en expertos en seguridad, con
materias como derechos humanos, negociación y liberación de rehenes,
manejo de armas de fuego y explosivos… Pero la idea no ha
cuajado.
De hecho, no oculta su enfado cuando escucha las
palabras guarura o guarro. “Nos lo hemos ganado —admite entre
aspavientos—, pero prefiero decir escolta”…
Se presenta a la
entrevista empistolado y con su placa de policía en activo, aunque
ataviado con un traje oscuro, corbatín de seda y zapatos
mocasín.
Se dice experto en Krav Maga, el sistema oficial de
defensa de las Fuerzas Armadas de Israel, en el cual se usan puños,
codos, patadas y rodillas, y se permite aplicar mordiscos,
cabezazos, llaves y barridas. Es el adiestramiento del cuerpo en
reacciones rápidas e instintivas ante peligros o ataques.
“Si una
persona no sabe artes marciales, no puede ser escolta; lo que sea:
combate israelí, taekwondo o karate, pero es requisito
indispensable. De lo contrario, no pasará de ser un loco como el que
supuestamente cuidaba a la cantante Lucero”, dice.
Cuenta que
durante los cursos que organiza la SMG se organizan convivencias
extra clase, para observar el comportamiento de los candidatos a
guaruras. “Si empiezan a pedir chavas y chelas, no sirven. Nadie
confía en una persona que apenas termina su servicio se va al primer
antro y se pone hasta las chanclas”.
¿Una Sociedad de
guaruras?...
Dos, porque los altos índices de criminalidad
nacional, la falta de interés de las autoridades por capacitar a sus
elementos en el tema de protección personal y la creciente demanda
de guardaespaldas entre banqueros y políticos, también llevó a otro
maestro en artes marciales, Mario Falcón, a crear la Sociedad
Interamericana de Guardaespaldas (SIAG), cuyo centro de operaciones
es Ciudad Victoria, Tamaulipas, estado dominado por el
narcotráfico.
Falcón es considerado a nivel internacional uno de
los mejores guardaespaldas mexicanos. En su historial, presume la
protección a personalidades como Bobby Pulido, Lupe Esparza y el
político priísta Roberto Madrazo. Es creador del Falcone’s System,
aplicado incluso en Estados Unidos y en el cual se apuesta más por
la eficacia que por la espectacularidad: el combate cuerpo a cuerpo
basado en tácticas como el uso de los dedos y en el ataque a áreas
sensibles del enemigo, donde cruzan los nervios; y con extrema
cautela en el uso de armas.
Duelo entre guardaespaldas. Falcón,
acaso en lo único que coincide con García, es en la definición del
guarura como “el energúmeno o simio que sabe pelear o provoca
problemas, que es agresivo y se abre camino entre empujones y
escupitajos”.
Sueña, también, con un perfil diferente, “de gente
bien nacida, deportista, inteligente, sin droga ni alcohol y con
adiestramiento específico de acuerdo al protegido, porque no es lo
mismo proteger a un funcionario de gobierno o a un artista, más
expuestos al ajetreo público, que a un ejecutivo en busca de
acrecentar su buena imagen, pasar desapercibido y mantener paz y
tranquilidad en su entorno”.
Coincidencia solitaria. Por lo
demás, la SMG y SIAG van por caminos opuestos en torno a un negocio
fresco como el de la formación de guardaespaldas, un negocio sin
regulación ni supervisión de las autoridades del sistema nacional de
seguridad.
Su desencuentro ha llegado incluso a amenazas
cibernéticas originadas por el uso en sus páginas de Internet de
videos de combate y tiro.
“Te doy un plazo de 48 horas a partir
de este momento para que retires todos mis videos que utilizas en tu
página web…, que te sirven como gancho para atraer clientes, mi
prestigio es reconocido en el mundo y es por esto que debo mantener
un perfil diferente al tuyo”, escribió Falcón a García, quien al
arrancar la SMG, hace un año, difundió imágenes de su opositor en
http://smguardaespaldas.com.mx y lo presentó como parte de su equipo
de instructores.
Y García respondió: “No son necesarias tus
amenazas porque no hacen eco en mi ese tipo de cosas”.
García
acusa a Falcón de incumplir convenios comerciales. Falcón lo llama
timador y dice que la SIAG no es una organización lucrativa:
“García lo que quiere es hacer negocio con los asociados, es
mentira todo lo que dice... Yo mido 1.77, peso 92 kilos, soy cinta
negra y experto en manejo de armas, qué va a ser cierto que un
flacucho y chaparro, un cabrón seco, esté metido en esto. He gastado
más de 100 mil dólares en mi preparación”.
“Sí es un negocio,
porque de algo tenemos que comer —revira el dirigente de la SMG—,
pero somos profesionales y luchamos en pro de la seguridad de las
personas”.
Su mundo son los golpes, las batallas cuerpo a cuerpo
y las pistolas. En sus sitios web se escuchan denotaciones y se
proyectan videos de combates, forcejeos, sometimientos y extracción
de personas en vehículos en marcha.
Entre ambas sociedades
agrupan a poco más de mil de los 15 mil guaruras que, según datos de
las secretarías de seguridad pública, hay en el país.
El 80% de
quienes se dedican a esta actividad fueron o son policías. El
porcentaje restante se compone de soldados o ex militares, de
compadres, de amigos, de conocidos con cara de malo, adiposos y de
corte castrense.
En dos años se pasó de 8
mil a 15 mil: una
industria en ascenso, pero sin capacitación ni control…
Sin
duda el personaje de Kevin Costner en la cinta El guardaespaldas
(1992) sería el prototipo ideal de estos guardias, que además de
buena presencia serían adiestrados en artes marciales y tendrían
conocimientos de contrainsurgencia y contraespionaje